miércoles, 26 de agosto de 2026

Estoy en el cuerpo de mi acosadora 2

Pasaron los meses.

Al principio Riku seguía odiando cada centímetro de ese cuerpo. Cada mañana se despertaba con el coño ya húmedo, el clítoris hinchado y una sensación de vacío que no tenía nada que ver con el hambre. Intentaba ignorarlo. Se obligaba a salir, a hablar, a sonreír como cualquier chica normal. Quería ser social. Quería olvidar. Quería demostrar rehacer a una nueva Mio más sociable y menos rara.

Pero el cuerpo no cooperaba.

Cada vez que intentaba acercarse a alguien en clase, un tartamudeo intenso salía de su boca. Cada vez que se sentaba, el peso de las tetas y el calor entre las piernas le recordaban que no era suyo. 

Empezó a llegar tarde. A evitar los grupos. A comer sola en el patio más apartado. La gente lo notó y los pocos amigos que consiguió los primeros días se alejaron.

El único que no se alejó fue Kenji.

Kenji era un otaku promedio: pelo negro desordenado, gafas, camisetas de anime que le quedaban un poco grandes, y una forma de hablar que mezclaba vergüenza y entusiasmo. Se sentó a su lado un día en la biblioteca sin pedir permiso y le preguntó si había visto el último capítulo de una serie que a Riku le sonaba a chino. Riku quiso mandarlo a la mierda. En vez de eso, respondió. Porque el cuerpo de Mio se calmaba un poco cuando alguien le hablaba sin mirarlo como si fuera un bicho raro.

Al principio solo eran conversaciones cortas. Después almuerzos juntos. Luego paseos hasta la estación. Riku odiaba cada segundo. Odiaba la forma en que el pecho se le apretaba cuando Kenji sonreía. Odiaba cómo el coño se le mojaba solo de oír su voz. Odiaba que, a pesar de todo, empezara a buscarlo.

Un mes después ya no podía dejar de pensar en él.

Empezó igual que Mio. Primero solo lo miraba de reojo. Después aprendió sus horarios. Sabía a qué hora salía de casa, a qué hora llegaba al club de ajedrez, a qué hora apagaba la luz de su habitación. Empezó a pasar por su calle “de casualidad”. A sacarle fotos con el móvil escondido bajo la manga. Fotos de su espalda, de sus manos, de la forma en que se le marcaban los hombros bajo la camiseta. Llegaba a casa, se cerraba en la habitación y se follaba con los dedos mirando esas fotos.

Esto no soy yo, se repetía mientras el orgasmo le hacía arquear la espalda. Esto es el cuerpo. Solo el cuerpo, pero no podía evitar sonreír pensando en que kenji podría estar pensando en él.



Pero el cuerpo ganaba cada vez más terreno.

Un viernes por la tarde, cuando Kenji le dijo que se iba a una convención de dos días, Riku no pudo resistirse. Esperó a que la madre de Kenji saliera. Forzó la cerradura del segundo piso con la misma tarjeta vieja que había usado meses atrás en su propio apartamento. Entró directamente a la habitación de Kenji. El olor lo golpeó como una droga: sudor, detergente barato y un toque a manga. Revisó los cajones. Robó una camiseta negra con un personaje de anime que olía a él. Un par de calzoncillos usados del cesto. Una foto de Kenji.

Estaba metiéndose la camiseta en la mochila cuando oyó la puerta de abajo.

Kenji había vuelto antes.

El corazón de Riku se le subió a la garganta. Corrió al baño de la habitación, cerró la puerta con cuidado. Escuchó pasos dentro del cuarto. El sonido de la mochila cayendo al suelo. Después el roce de una cremallera. Y un jadeo bajo, ahogado.

Kenji se estaba masturbando.

Riku se quedó quieto, respirando por la boca. El coño le latía con tanta fuerza que le dolía. Levantó la falda del uniforme con dedos temblorosos. Y se frotó el clítoris hinchado a través de la tela empapada. El zumbido de su propia respiración se mezclaba con los gemidos de Kenji. Cada “ahh” del chico le hacía contraer el agujero. Se masturbó en silencio, mordiéndose el labio, mirando la sombra que se movía a través de la rendija de la puerta.

Hasta que la puerta del baño se abrió.


Riku (pensando): Mierda... 

Kenji se quedó congelado. falda levantada, bragas corridas, dedos brillantes de fluidos, lengua afuera y ojos vidriosos.

Kenji: ¿Mio…?

Riku ya no pensaba. El cuerpo mandaba. No… no hagas esto… todavía eres Riku… detente…

Se arrastró hacia él de rodillas, lengua todavía fuera, babeando.

Riku: Dame… dame tu pene. Por favor. Necesito… necesito chupártelo. Ahora.



Kenji intentó retroceder, pero Riku le agarró los muslos con una fuerza desesperada. Le bajó los pantalones y los calzoncillos de un tirón. La polla de Kenji saltó libre, ya dura, goteando. Riku la miró un segundo y se la metió entera en la boca. Chupó con hambre de animal, lengüeteando la cabeza, tragando saliva y precum, gimiendo alrededor del glande. Kenji se agarró al marco de la puerta del baño, temblando.


Kenji: Joder… Mio… espera

Riku no esperó. Se folló la boca con la polla de Kenji, saliva corriendo por la barbilla, ojos en blanco. Esto es asqueroso… soy un hombre… no debería… pero joder, qué rico… 


Cuando Kenji se corrió, el semen le llenó la garganta de golpe. Riku se vino al mismo tiempo, solo con sentir el pulso caliente dentro de la boca. El coño se le contrajo en espasmos violentos, chorreando a través de las bragas, manchándole los muslos y el suelo del baño. Tragó todo. Sacó la polla todavía dura, abrió la boca y le mostró la lengua blanca de semen.

Riku: Más…

Empujó a Kenji hacia la cama. Lo tiró de espaldas sobre el colchón. Se quitó la chaqueta del uniforme y las bragas de un tirón, dejándolas en el suelo.


Se montó encima, guió la polla hasta su entrada empapada y se la clavó de una sola embestida. El grito que soltó fue casi un aullido.



Empezó a cabalgarlo con desesperación, manos apoyadas en el pecho de Kenji, subiendo y bajando con fuerza, el coño haciendo un sonido húmedo y obsceno cada vez que se lo tragaba hasta el fondo. Las tetas le rebotaban dentro de la camisa abierta. El clítoris rozaba contra la base de la polla en cada bajada. Para… para… esto no eres tú… estás usando el cuerpo de la puta que te mató… Pero no paraba. Cabalgaba más rápido, más profundo, gimiendo sin control.


Cuando las piernas le empezaron a temblar, se levantó de golpe. Sacó la polla de su interior con un chapoteo húmedo. Se puso de pie sobre el suelo de la habitación, arrastró a Kenji hasta que también quedó de pie, y volvió a empujar la polla dentro de su coño. Ahora los dos estaban de pie en medio de la habitación de Kenji. 


Riku se agarró a los hombros de él y empezó a follárselo ella misma, subiendo y bajando sobre la polla con las piernas flexionadas, el culo moviéndose de forma desesperada, la falda todavía puesta pero levantada hasta la cintura. Cada embestida que ella misma se daba hacía que el coño se le apretara con fuerza. Kenji solo podía sujetarle la cintura y gemir.

Riku: Más… más… joder, más…

Riku se corrió otra vez de pie, el cuerpo entero temblando, el líquido resbalándole por los muslos. Siguió moviéndose, follándolo sin piedad, hasta que las rodillas le flaquearon. Se dejó caer de espaldas sobre la cama, piernas abiertas y falda hecha un desastre. Kenji se puso encima y se la metió otra vez. Riku lo miraba con la lengua fuera, babeando, pidiendo más. Cuando Kenji se corrió, lo hizo dentro de su boca. Riku la abrió de par en par, recibió el chorro caliente.



Riku: Todo… me lo comí todo…

Kenji se quedó sin aliento, mirándola como si no la reconociera.

Las semanas siguientes fueron peores.

Kenji se convirtió en su novio oficial. Riku lo arrastraba a cualquier rincón oscuro. Escaleras del instituto. Baños. El callejón detrás del edificio de Kenji.

Un jueves, en el rellano del segundo piso del edificio de Kenji, Riku lo empujó contra la pared.

Riku: Porfi… solo un ratito. Nadie viene a esta hora. Déjame chupártelo. Porfi.



Se arrodilló delante de él, le bajó la cremallera con dedos temblorosos y se tragó la polla de un solo movimiento. Chupó con la misma hambre maníaca, mirándolo desde abajo, lágrimas de esfuerzo en los ojos. 



Kenji se corrió rápido, llenándole la boca otra vez. Abrió la boca y le mostró el semen blanco acumulado en la lengua. Se lo tragó despacio, abrió de nuevo la boca vacía y se rio. Una risa aguda, rota, de niña que se ha roto por dentro.



Riku: Mira… se lo comió todo la puta de Mio… jaja… jaja…



Se limpió la comisura de los labios con el dorso de la mano, se levantó la falda y se tocó el clítoris todavía hinchado a través de las bragas empapadas, sin dejar de reír.



Kenji lo miraba con una mezcla de miedo y deseo.

Riku ya realmente no sabe que paso, donde estará la alma de la verdadera Mio o si siempre fue Mio, pero disfruta su nueva vida con su novio que tanto ama 

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Estas tipos de historia me gusta hacer y realmente me alegre mucho que les gustara la parte 1 y espero que también la parte 2 (aunque no lo planeaba hacer) 


Es muy dificil seguir siendo relevante en este mundito cuando todos los blogeros (no se como llamarlos) estan muy activos.


Pero bueno, voy a crear más historias asi, me gusta más que hacer historias tan grandes, aunque tampoco lo voy a dejar de hacer. 


Y bueno, les deseo lo mejor 



2 comentarios:

  1. Te quedó super bien la continuación , no importa el tiempo siempre es bueno ver algo nuevo de tus trabajos

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  2. Que buena continuación me gusta verte tan activo

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