lunes, 30 de marzo de 2026

Cambie de cuerpo con la nerd de mi clase

El campus de la Universidad de California en Los Ángeles bullía de actividad bajo el sol de la tarde. Jake Thompson, capitán del equipo de fútbol americano, caminaba por el pasillo central del edificio de Ciencias con su habitual arrogancia. A sus 25 años, era alto, musculoso y conocido por sus bromas pesadas y su costumbre de humillar a los que consideraba débiles. Ese día, su blanco favorito era Mei Lin, la estudiante de Ingeniería Biomédica que caminaba delante de él con la cabeza baja y los brazos cargados de libros.

Mei. Era delgada, de origen chino-americano, y siempre vestía su estilo característico: una blusa marinera azul marino con rayas blancas, falda plisada corta, lazo rojo en el cuello y medias negras. Su cabello negro estaba dividido en dos coletas largas y gruesas, y unas gafas de montura redonda y grande descansaban sobre su nariz. A pesar de todas las humillaciones de Jake, Mei estaba secretamente enamorada de él.

Por la tarde, ambos asistieron a la conferencia obligatoria sobre “Física de Ondas y Sistemas Energéticos” (FOSE). Cuando el profesor activó el prototipo, una luz azul intensa llenó el auditorio. Jake sintió un extraño tirón en el pecho, pero no le dio importancia. Mei sintió lo mismo y se sonrojó, pensando en él.

Esa misma noche, en la habitación de Mei en la residencia universitaria, la luz estaba tenue. Mei llevaba su vestimenta normal: la blusa blanca, la falda plisada sucia y las medias negras. Sus gafas redondas grandes seguían en su lugar. Sentada en la cama, no podía dejar de pensar en Jake. El recuerdo de su voz burlona, su cuerpo atlético y su arrogancia la excitaban profundamente.




Con la respiración agitada, Mei deslizó una mano bajo la falda plisada y comenzó a masturbarse lentamente, imaginando a Jake.

Mei: Jake… ah… por favor… gemía en voz baja, los dedos moviéndose con más urgencia mientras sus caderas se movían contra su mano.

En ese preciso momento, un zumbido grave llenó el aire. La misma luz azul del experimento FOSE envolvió la habitación de Mei por un instante, como si la energía del prototipo hubiera saltado a través del campus y conectado a los dos estudiantes de forma inexplicable.

Al día siguiente, por la mañana…

Jake abrió los ojos en una cama que no era la suya. Sintió el cabello largo rozándole la cara, un peso extraño en el pecho y la tela de la falda plisada alrededor de sus piernas. Se sentó y miró hacia abajo: llevaba la blusa marinera azul marino con rayas blancas, la falda plisada corta, el lazo rojo en el cuello y las medias negras. Sus manos eran pequeñas y delicadas. Tocó su rostro y sintió las gafas redondas grandes.

Jake: ¿Qué carajo…? dijo, pero la voz que salió fue aguda y claramente femenina.

Se levantó tambaleándose y se acercó al espejo de cuerpo entero con marco verde lima. La imagen que vio fue exactamente Mei Lin: una chica de 25 años con coletas largas, gafas redondas gruesas, y vestida con su atuendo normal —blusa marinera, falda plisada y lazo rojo—. Jake se miró horrorizado, tocando las coletas y ajustando la falda con manos temblorosas.

Jake: ¡No, no, no! ¡Esto no puede estar pasando! ¡Soy Jake Thompson, maldita sea!

Al mismo tiempo, en su propia habitación, Mei despertó dentro del cuerpo alto y musculoso de Jake. Sintió la fuerza en sus brazos y la entrepierna pesada. Miró sus manos grandes y se tocó la cara sin gafas.

Jake (en el cuerpo de Mei) entró en pánico. Todavía vestido con la blusa marinera, la falda plisada y las gafas grandes, salió corriendo de la habitación de Mei y se dirigió hacia el edificio de Ciencias. Necesitaba una explicación urgente. El experimento FOSE tenía que ser la causa.

Entró empujando la puerta del laboratorio principal. Dentro estaba solo el Dr. Harlan Reed, el profesor de 38 años que había dirigido la demostración del día anterior.

Jake: ¡Doctor! exclamó Jake con la voz aguda de Mei, jadeando y con las coletas balanceándose. ¡Algo salió mal con tu experimento! ¡Yo no soy Mei! ¡Estoy en su cuerpo! ¡Tiene que revertirlo ahora!

El Dr. Reed cerró la puerta con llave y miró a “Mei” de arriba abajo con evidente interés. La blusa marinera ajustada marcaba suavemente su pecho, la falda plisada corta dejaba ver sus piernas delgadas cubiertas por las medias negras, las coletas largas le daban un aspecto inocente y las gafas redondas grandes acentuaban sus ojos asustados. Una sonrisa oscura y hambrienta se dibujó en sus labios.

Dr Reed: Vaya… parece que el intercambio fue más profundo de lo esperado murmuró, acercándose lentamente. El cuerpo de la señorita Mei responde de forma fascinante. Pero antes de buscar una solución técnica… déjame examinar los efectos secundarios de cerca.

Jake retrocedió hasta chocar contra la mesa del laboratorio, el corazón latiéndole con fuerza.

Jake: ¡No! ¡Aléjese! ¡Yo soy Jake Thompson! ¡Esto no es lo que quiero! ¡Soy un hombre!






El profesor ignoró sus protestas. Con un movimiento rápido, empujó a Jake contra la mesa, presionando su cuerpo más grande y fuerte contra el delgado de Mei. Tomó el rostro de Jake con una mano y lo besó con fuerza, introduciendo la lengua en su boca sin permiso. Jake intentó girar la cabeza, pero el profesor lo sujetó con más firmeza quitandole sus lenges gruesos.

Jake: ¡Mmmph! ¡Suélteme! —gritó Jake contra los labios del hombre, la voz aguda de Mei sonando desesperada.

Las manos del Dr. Reed bajaron con avidez. Una se coló bajo la blusa marinera, deslizándose por la piel suave del abdomen hasta subir y apretar uno de los pechos con rudeza, pellizcando el pezón a través del sostén. La otra mano descendió directamente a la falda plisada, la levantó sin miramientos y se metió entre las medias negras y la ropa interior.


— Tan suave… tan sensible —gruñó el profesor contra su cuello, mordiendo la piel mientras sus dedos frotaban con insistencia entre las piernas de Mei, sintiendo cómo el cuerpo reaccionaba a pesar de la resistencia de Jake—. Relájate, Mei… o quien seas. Esto es parte del experimento ahora.

Jake sintió una oleada de asco y humillación que le revolvió el estómago. El contacto de las manos grandes y ásperas del hombre en lugares que nunca había imaginado tocar de esa forma, la sensación de su propia excitación involuntaria del cuerpo femenino, el olor del aftershave y la presión del cuerpo masculino contra el suyo… todo era repulsivo.

Jake: ¡Para! ¡Yo no quiero esto! ¡Soy Jake, carajo! ¡No me toques! gritó con lágrimas de rabia bajando por sus mejillas, intentando patear y empujar con sus brazos débiles. Pero el profesor era mucho más fuerte.

El Dr. Reed desabrochó rápidamente los botones de la blusa marinera, exponiendo el sostén blanco, y bajó la cabeza para lamer y chupar el cuello y el pecho descubierto. Al mismo tiempo, sus dedos apartaron la ropa interior y penetraron con dos dedos de golpe, moviéndose dentro con ritmo agresivo mientras su pulgar frotaba el clítoris.

Jake: ¡Ahh! ¡Nooo! jadeó Jake, el cuerpo traicionándolo con sensaciones que su mente rechazaba por completo. Las piernas le temblaban y las coletas se habían desordenado.

El placer forzado mezclado con el profundo asco y la humillación mental fue demasiado. Jake sentía que su identidad se rompía con cada movimiento de los dedos del profesor, con cada beso y cada caricia invasiva.

Jake: ¡Basta… por favor…! sollozó con la voz entrecortada.

Pero el Dr. Reed continuó, excitado por la resistencia, acelerando el ritmo de sus dedos y presionando su erección contra la cadera de Mei a través de los pantalones.

El pánico, el asco abrumador y el shock emocional colapsaron la mente de Jake. Todo se volvió negro.

Jake cayó inconsciente sobre la mesa del laboratorio, el cuerpo de Mei desplomándose inerte, con la blusa abierta, la falda levantada y las mejillas húmedas de lágrimas, mientras el Dr. Reed se acerca y decide disfrutar este cuerpo inerte.


Jake cuando desperto se encontro desnuda aun con el cuerpo de mei y totalmente llena de semen. No ve a el Dr. Reed por ningun lado y lo peor es que no ve ninguna maquina alrededor.

Cambio de cuerpo con mi acosador 3

 Salí de la casa con el corazón latiendo fuerte bajo mis nuevos pechos. El polo es overside haciendo verme muy tierna y sexy, además de mis pantalones deportivos que hacen resaltar el culo de este cuerpo diminuto de 1.50 m. Tenía que encontrar a la bruja. El mercado donde la vi por primera vez no estaba lejos; un taxi habría sido más seguro, pero quería sentir el aire de la ciudad y la fama, sentir esto caminando entre la gente. Error.

Llegué a la parada del bus justo cuando uno se detuvo. Estaba repleto. Gente pegada hombro con hombro, olor a sudor y perfume barato. Subí porque no quería esperar. Apenas me metí, las puertas se cerraron y el vehículo arrancó con una sacudida. Mi cuerpo pequeño se tambaleó y alguien detrás de mí me estabilizó… o eso creí al principio.
Una mano grande se posó en mi cintura.

Al principio pensé que era accidental. Pero luego bajó. Lentamente. Dedos callosos se deslizaron por la curva de mi cadera, apretando mi entrepierna como si midiera lo que había debajo. Intenté girarme, pero el bus iba tan lleno que apenas podía mover los brazos. Mi estatura era una maldición ahora: la cabeza me llegaba apenas al pecho del tipo que estaba pegado a mi espalda.

Xx: Shh… —susurró una voz ronca en mi oído—. Quédate quieta, Mictia.

La mano bajó más. Se coló entre mis piernas por encima del pantalon, frotando con presión firme. Sentí cómo mi cuerpo reaccionaba a pesar mío: un calor traicionero se acumuló entre mis muslos. Intenté cerrar las piernas, pero no había espacio. El chico (alto, con capucha y barba de dos días) se apretó más contra mí. Su otra mano subió disimuladamente por debajo de mi polo entrando adenrro de el, tocando piel desnuda. Pellizcó suavemente el costado de uno de mis pechos. Gemí bajito, de rabia y de algo más que no quería admitir. El placer era instantáneo en este cuerpo. Mis pezones se endurecieron contra la tela.

El bus dio una curva y él aprovechó para meter la mano más adentro, presionando justo más adentro.

Movía los dedos en círculos lentos, sabiendo exactamente lo que hacía. Yo mordía mi labio para no gemir en voz alta. Lágrimas de humillación me picaban los ojos, pero también sentía cómo me mojaba. El orgasmo me llegó de repente, silencioso y violento: mis piernas temblaron, mi vagina se contrajo contra la nada y un pequeño chorrito caliente empapó mis panties. El tipo lo notó. Soltó una risita baja y apretó más fuerte antes de que el bus frenara en mi parada.

Apenas se abrieron las puertas, salí corriendo como pude. Las piernas me temblaban todavía.

Corrí dos cuadras hasta el mercado oscuro donde había comprado la caja

Corrí dos cuadras hasta el mercado oscuro donde había comprado la caja. La bruja estaba allí, sentada en la misma esquina, con el rebozo negro y esa sonrisa amarilla.

Bruja: Volviste —dijo sin sorpresa.

Le conté todo entre jadeos: el cuerpo, el stream, el plan. Le pregunté si era para siempre.

Ella se rio bajito.

Bruja: Es para siempre… mientras la otra persona se enamore de ti y de tu nuevo cuerpo. Mientras ella te desee como tú la deseabas a ella. Si eso pasa, el cambio se sella. Si no… bueno, ya sabes.


Alejandro (yo) sonrió por dentro. Sabía perfectamente que la verdadera Mictia, atrapada en mi viejo cuerpo feo y solitario, nunca se enamoraría de “mí” ahora. Nunca se enamoraría de esta versión perfecta de sí misma. Nunca me amaría a mí dentro de su piel. Por lo tanto… era para siempre. Mío. Para siempre.

Alejandro: Gracias

susurré, y me di la vuelta para irme.
Pero apenas di tres pasos fuera del callejón, una figura me bloqueó el paso. El mismo chico del bus. Capucha baja, sonrisa arrogante. Tenía el teléfono en la mano.

xx: Hola de nuevo, Mictia —dijo, pronunciando mi nombre como si lo saboreara—. O debería decir… Alejandro.
Se me heló la sangre.

Xx: Escuché todo. La bruja, el cambio de cuerpo, lo que le hiciste a la verdadera. Y tengo video. Del bus… y de cómo te corriste como una putita en mi mano. También grabé cuando saliste corriendo y hablando sola en el callejón. Todo.
Levantó el teléfono.

La pantalla mostraba claramente el momento en el bus: mi cara de placer contenida, mi cuerpo pequeño temblando contra él.


Xx: Así que… ahora vas a hacer exactamente lo que yo diga. Porque si no, este video llega a todos tus Mictianos en menos de una hora. Y después… a la policía. A la verdadera Mictia. A todo el mundo.

Dio un paso más cerca, invadiendo mi espacio personal.


Cambio de cuerpo con mi acosador 2

 Me desperté en mi cama, rodeada de los gatos que ahora ronroneaban contra mi cuerpo nuevo. Dante se subió a mi pecho y maulló, como si supiera que algo había cambiado. Sonreí, acariciando su cabecita con dedos suaves y perfectamente cuidados. La piel olía a vainilla del jabón que usaba la verdadera Mictia. Mi cuerpo (su cuerpo) todavía vibraba un poco por la sesión del espejo de ayer. Me sentía poderosa. Invencible. Y con un plan clarísimo.

Hoy era el día de mi primer stream como la "nueva" Mictia. Pero no iba a ser el de siempre. Iba a usar esta cara, esta voz y este cuerpo para voltear todo en mi contra... o mejor dicho, en contra de ella. La que ahora estaba atrapada en mi viejo cuerpo de perdedor. Iba a hacer que los Mictianos la odiaran, la acosaran y la destruyeran en internet. Y lo mejor: nadie sospecharía jamás.

Primero, el baño. Me metí bajo la ducha caliente y dejé que el agua corriera por cada curva. Mis manos resbalaron por mis pechos, bajaron por la cintura y se detuvieron entre mis piernas. El placer todavía me sorprendía; era tan fácil excitarme ahora. Me mordí el labio y gemí bajito mientras me tocaba pensando en cómo iba a usar esto a mi favor.


No me corrí (quería estar sensible, no agotada), solo me lavé con el gel de fresa que olía a ella y me sequé frente al espejo grande del baño. Me miré desnuda un rato más: los pezones todavía duros por el agua caliente, la piel rosada, el cabello largo cayendo mojado sobre mis hombros. Perfecta.
Salí del baño y abrí el closet. Elegí una sudadera verde (con el logo de minecrafr) .

Me la puse sin nada debajo. Ni brasier, ni panties. La tela era suave y gruesa, pero cada vez que me movía se notaba el contorno de mis pechos y cómo se marcaban los pezones. La sudadera apenas me llegaba a medio muslo.

Si me sentaba de cierta forma o me inclinaba

Si me sentaba de cierta forma o me inclinaba... bueno, los descuidos iban a ser inevitables. Me miré en el espejo del cuarto y sonreí. Parecía inocente, tierna, la misma Mictia de siempre... pero con un toque peligroso.
Me senté frente al setup, encendí las luces LED en rosa y morado, y ajusté la cámara. Respiré hondo, me pellizqué las mejillas para que se me pusieran rojas y empecé a grabar la intro.
Stream en vivo.

Alejandro: Hola, Mictianos... -mi voz (su voz) salió temblorosa desde el primer segundo. Me tapé la boca y dejé que las lágrimas salieran naturales. Había practicado frente al espejo: lágrimas gordas, labio temblando, ojos grandes y asustados-. Perdón... no quería empezar así, pero... necesito contarles algo.
El chat explotó al instante con corazones y "¿qué pasó mictia?".

Alejandro: Ese acosador... el de México... ayer me siguió. Me dio una caja rara y... me dijo cosas horribles. Tengo miedo, chicos. Mucho miedo. No sé si va a volver. La policía ya está investigando, pero... -sollocé más fuerte, dejando que una lágrima cayera por mi mejilla y se perdiera en el escote de la sudadera. La cámara captó perfectamente cómo la tela se movía con mi respiración agitada-. Solo quiero sentirme segura otra vez. Gracias por estar aquí... los quiero mucho.

El chat se llenó de "te protegemos", "denuncia ya", "¿dónde estás ahora?". Perfecto. Nadie sospechaba nada. Después de unos minutos de llorar y limpiarme la nariz con la manga (lo que hizo que la sudadera se subiera un poco más de lo necesario), me "calmé".

Alejabdro: Está bien... vamos a jugar algo tranquilo para distraerme. Valorant, ¿sí? Pero si me ven nerviosa, perdónenme...
Empecé la partida. Me senté con las piernas un poco abiertas, como si estuviera cómoda. Cada vez que me inclinaba para agarrar el mouse, la sudadera se bajaba por un hombro y dejaba ver la curva de mi pecho. Cuando me recostaba en la silla riéndome de una kill, la tela subía peligrosamente por mis muslos. Generé clips perfectos sin decir ni una palabra: un "accidente" al estirarme que mostró el lado de un pecho, otro al agacharme a buscar algo en el piso donde la cámara captó claramente que no llevaba nada abajo. Todo parecía natural, como si estuviera tan afectada por el "trauma" que no me daba cuenta.

El chat... no dijo nada sobre los descuidos. Ni un solo "se te ve el pecho" . Solo apoyo total: "fuerza mictia", "estás preciosa igual", "vamos a cazar a ese wey". Estaban demasiado ocupados defendiéndome como para notar (o admitir) lo que veían. Sonreí por dentro. Esto era mejor de lo que esperaba.
Después de una hora y media terminé el stream con otra ronda de lágrimas.


Alejandro: Gracias por quedarse conmigo... de verdad. Mañana sigo, ¿sí? Los amo. Cuídense.

Apagué la cámara, me recosté en la silla y solté una carcajada baja. El stream ya estaba subiendo clips por todos lados: "Mictia llorando por acosador", "Mictia vulnerable en stream", y mis descuidos ya estaban siendo guardados en carpetas privadas por los más obsesionados. Mañana toda la comunidad iba a estar cazando al "acosador" (es decir, a la verdadera Mictia en mi cuerpo). Iba a ser brutal.


Me cambié rápido. Me puse ropa normal pero cómoda: unos pantalones gris oscuro que eran de gym y uno polo negro quw estaba en la maleta (tengo que cambiar el armario para que se adapte a la nueva "yo").

Me miré al espejo aún obsesionado con su culo. una última vez, me puse un poco de gloss en los labios y salí de la casa. Los gatos me miraron extrañados, pero no importaba.

Los gatos me miraron extrañados, pero no importaba

Tenía que encontrar a la bruja. La que me dio la caja. Necesitaba asegurarme de que esto fuera irreversible... y tal vez pedirle algo más. Porque ahora que tenía este cuerpo, este poder y esta audiencia en la palma de la mano, no pensaba parar.

Caminé por las calles de la Ciudad de México (donde aún estaba hospedada) con una sonrisa que nadie podía ver. En mi teléfono, el Twitter de la "verdadera" Mictia (mi viejo cuerpo) ya empezaba a recibir los primeros mensajes de odio.

Alejandro: Bienvenida al infierno, Abril 


Cambio de cuerpo con mi acosador 1

 Quiero guardar mi historia por si wattpad me la borra. Y si necesito poner imágenes +18


Disfruten 


Hace unas semanas, durante uno de sus streams nocturnos, Mictia mencionó de pasada que viajaría a México para un evento de streaming y unas vacaciones cortas. Fue como si el universo me hubiera dado la señal que llevaba meses esperando. Mi corazón latió tan fuerte que apenas podía respirar. Yo, Alejandro, o como ella me conocía en los mensajes privados que le enviaba fingiendo que éramos algo más, soy uno de sus seguidores más antiguos. Llevo tres años viéndola todos los días: sus risas, sus dibujos, sus gatos, esa forma tan tierna de morderse el labio cuando se concentra. Estoy enamorado.

No, estoy obsesionado. Quiero ser más que un “Mictiano”. Quiero ser suyo. Para siempre.

Por eso empecé a escribirle como si ya fuéramos pareja. Le mandaba buenos días con corazones, le contaba mis “días difíciles” para que se preocupara por mí, le enviaba fotos de cosas que “me recordaban a ella”. Ella nunca contestaba… pero yo sabía que leía todo.

Tenía que saberlo. Y eso me bastaba para sentir que ya éramos algo.
Cuando anunció lo de México, supe que era mi oportunidad. Busqué en internet el vuelo más barato, reservé un hostal cerca del aeropuerto y empecé a planear. Pero necesitaba algo más. Algo que asegurara que ella nunca me olvidaría.

Fue en un mercado oscuro de la ciudad donde encontré a esa mujer extraña. Una anciana envuelta en un rebozo negro, con ojos que parecían ver demasiado. Le conté, casi llorando, mi amor por Mictia. Ella sonrió con dientes amarillos y sacó una cajita de madera tallada con símbolos que no reconocí.


Bruja: Esto, crea un lazo eterno. La persona que amas quedará unida a ti para siempre. Pero úsalo con cuidado… una vez abierto, ya no hay vuelta atrás.


Pagué lo que me pidió (todo lo que tenía) y guardé la caja como si fuera oro. Era perfecta.

Llegó el día. Seguí su vuelo en tiempo real. Cuando aterrizó en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, yo ya estaba allí, escondido entre la gente con gorra y mascarilla. La vi salir: cabello largo castaño teñido de puntas azules cayéndole en ondas perfectas, sudadera oversized de color verde, pantalones deporticos ajustados y esa mochilita. Estaba más hermosa en persona que en cámara. Mi estómago dio un vuelco.




La seguí discretamente hasta una cafetería pequeña cerca del hotel donde se hospedaba. Pidió un postre de matcha y se sentó sola, mirando el teléfono con expresión nerviosa. Era el momento. Me acerqué temblando, me planté frente a su mesa y esperé a que levantara la vista.

No me reconoció al principio. Solo me miró con esa mezcla de confusión y miedo que luego entendí demasiado bien.

Alejandro: Hola, Mictia… soy yo. El que siempre te escribe. Te amo. Llevo años amándote. ¿Podemos… tomarnos una foto juntos? Solo una.

Ella retrocedió en la silla, pálida.

Mictia: No… por favor, aléjate.

Intenté explicarle. Le dije que no era un extraño, que era su mayor fan, que había venido solo por ella. Le supliqué un abrazo. Nada. Empezó a temblar y sacó el teléfono. Vi cómo marcaba un número mientras yo sacaba la cajita de mi mochila.

Alejandro: Esto es para ti. Es un regalo especial. Ábrela cuando estés sola. Te va a unir a mí para siempre, como dijiste que querías en tus streams… ¿recuerdas? Cuando hablabas de encontrar a alguien que te amara de verdad.

Ella no la tocó. Solo me miró con asco.

Mictia: Vete. Ahora.

Sus amigos streamers (los que habían viajado con ella) empezaron a acercarse. Escuché que les había mandado ubicación. Me fui corriendo antes de que llegaran, pero no sin antes dejarle la caja bien cerca.

Volví al hostal destrozado. Encendí su stream en mi laptop vieja. Ahí estaba ella, contando todo: que un acosador la había seguido hasta México, que le había dado “una caja rara” y que iba a denunciarme. Llamó a la policía del lugar. Dijo que tenía miedo. Que yo era peligroso.

Lancé la laptop contra la pared. Lloré de rabia hasta quedarme dormido en el piso.

Esa misma noche, en su habitación de hotel…

Mictia miró la cajita que aún tenía en la mano. La agitó. Sonaba como monedas.


Mictia: Qué asco… pero igual algo sacaré de este enfermo. Tal vez me dejó dinero, como los otros simps.

La abrió.
Un brillo cegador inundó la habitación. Un grito ahogado. Y luego… silencio.



A la mañana siguiente desperté con un dolor de cabeza horrible y la sensación de que algo estaba… mal. Muy mal.
Abrí los ojos sin levantarme. El techo no era el de mi hostal mugriento. Era un hotel mucho más lujoso y más decorado. Varias maletas tiradas, una laptop en el escritorio 

Alejandro: Esto… no es mi habitación .

Y mi voz… no era mi voz.


Era la de ella.
Corrí (o más bien tropecé, porque el equilibrio era distinto) hasta el monitor apagado del setup. El reflejo que me devolvió me dejó congelado.

Ojos grandes y tiernos. Labios suaves. Cabello largo y sedoso que olía a shampoo caro. Cara redonda, piel perfecta. Y abajo… un cuerpo que había visto mil veces en stream, pero ahora era mío.

Levanté las manos con dedos temblorosos y las posé sobre mis pechos. Eran reales. Suaves, cálidos, sensibles. Un gemido involuntario escapó de mi garganta cuando apreté suavemente.

Alejandro: Dios mío… soy ella. Soy Mictia.
Miré hacia la cama. La cajita estaba abierta. Dentro solo había un papelito arrugado que decía en letras cursivas:
“Disfrútalo.”

La anciana había cumplido su promesa. Ahora yo era ella. Para siempre.
Me quité la ropa que llevaba puesta y me miré completo en el espejo del baño. Cadera ancha, cintura estrecha, piel suave, y entre mis piernas… una vagina rosada, tibia, ya húmeda por la excitación que no podía controlar.

Alejandro: Ahora soy tú —susurré a mi reflejo—. Y nadie va a separarnos nunca.


Empecé a besarme el espejo. Mis manos bajaron solas: una a mis pechos, pellizcando los pezones que se endurecieron al instante; la otra entre mis piernas, explorando con dedos torpes pero ansiosos. El placer era completamente distinto. Más profundo, más intenso, como olas que me recorrían todo el cuerpo. Me apoyé en el lavabo, gimiendo cada vez más alto, sin importarme nada. Mis dedos entraban y salían, frotaban el clítoris hinchado, y cada orgasmo era más fuerte que el anterior. El espejo y el piso del baño terminaron manchados de mis fluidos.





Me corrí tantas veces que las piernas me temblaban y apenas podía sostenerme.
Cuando por fin me calmé, jadeando, escuché el teléfono vibrando sobre la mesita de noche. Era mi antiguo número llamando.
Contesté con una sonrisa.
Del otro lado, mi propia voz (ahora en su boca) gritaba histérica.

Mictia: ¡Devuélveme mi cuerpo, hijo de puta! ¡Te voy a destruir! ¡Voy a contarle a todo el mundo lo que hiciste!

Me reí suavemente, con la voz dulce de Mictia.

Alejandro: Tranquila… “cariño”. Ahora yo soy Mictia. Y tú… bueno, tú eres el acosador que todos van a odiar. Disfruta tu nueva vida en ese cuerpo feo y solo. Yo me quedo aquí.

Colgué.

Me miré una última vez en el espejo, acaricié mi nueva cara y susurré:

Alejandro: Bienvenida a casa, Abril. O mejor dicho… bienvenido a casa, Alejandro. Porque a partir de hoy, yo soy Mictia. Y esto recién empieza.

Para terminar cayendo en la cama con una sonrisa.




martes, 3 de marzo de 2026

Traducciones de pokemon






 La historia de life swap de jessie y ash de Jan-hen y unas más randoms :) 









Introduccion a el blog

 Buenasssss. Es la primera vez que estoy haciendo esto y me siento emocionado de poder dar un granito de arena a la comunidad.


En este blog encontraras traducciones mayormente de doujinshi y dibujos que encuentre que necesite traducción al español (todo con sus respectivos creditos) Y algunas veces historias propias, pero muy rara vez porque me quiero centrar en traducir
 

Cualquier uso de IA sera referenciar y NUNCA sera remplazada para generar cosas desde 0

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