El campus de la Universidad de California en Los Ángeles bullía de actividad bajo el sol de la tarde. Jake Thompson, capitán del equipo de fútbol americano, caminaba por el pasillo central del edificio de Ciencias con su habitual arrogancia. A sus 25 años, era alto, musculoso y conocido por sus bromas pesadas y su costumbre de humillar a los que consideraba débiles. Ese día, su blanco favorito era Mei Lin, la estudiante de Ingeniería Biomédica que caminaba delante de él con la cabeza baja y los brazos cargados de libros.
Mei. Era delgada, de origen chino-americano, y siempre vestía su estilo característico: una blusa marinera azul marino con rayas blancas, falda plisada corta, lazo rojo en el cuello y medias negras. Su cabello negro estaba dividido en dos coletas largas y gruesas, y unas gafas de montura redonda y grande descansaban sobre su nariz. A pesar de todas las humillaciones de Jake, Mei estaba secretamente enamorada de él.
Por la tarde, ambos asistieron a la conferencia obligatoria sobre “Física de Ondas y Sistemas Energéticos” (FOSE). Cuando el profesor activó el prototipo, una luz azul intensa llenó el auditorio. Jake sintió un extraño tirón en el pecho, pero no le dio importancia. Mei sintió lo mismo y se sonrojó, pensando en él.
Esa misma noche, en la habitación de Mei en la residencia universitaria, la luz estaba tenue. Mei llevaba su vestimenta normal: la blusa blanca, la falda plisada sucia y las medias negras. Sus gafas redondas grandes seguían en su lugar. Sentada en la cama, no podía dejar de pensar en Jake. El recuerdo de su voz burlona, su cuerpo atlético y su arrogancia la excitaban profundamente.
Con la respiración agitada, Mei deslizó una mano bajo la falda plisada y comenzó a masturbarse lentamente, imaginando a Jake.
Mei: Jake… ah… por favor… gemía en voz baja, los dedos moviéndose con más urgencia mientras sus caderas se movían contra su mano.
En ese preciso momento, un zumbido grave llenó el aire. La misma luz azul del experimento FOSE envolvió la habitación de Mei por un instante, como si la energía del prototipo hubiera saltado a través del campus y conectado a los dos estudiantes de forma inexplicable.
Al día siguiente, por la mañana…
Jake abrió los ojos en una cama que no era la suya. Sintió el cabello largo rozándole la cara, un peso extraño en el pecho y la tela de la falda plisada alrededor de sus piernas. Se sentó y miró hacia abajo: llevaba la blusa marinera azul marino con rayas blancas, la falda plisada corta, el lazo rojo en el cuello y las medias negras. Sus manos eran pequeñas y delicadas. Tocó su rostro y sintió las gafas redondas grandes.
Jake: ¿Qué carajo…? dijo, pero la voz que salió fue aguda y claramente femenina.
Se levantó tambaleándose y se acercó al espejo de cuerpo entero con marco verde lima. La imagen que vio fue exactamente Mei Lin: una chica de 25 años con coletas largas, gafas redondas gruesas, y vestida con su atuendo normal —blusa marinera, falda plisada y lazo rojo—. Jake se miró horrorizado, tocando las coletas y ajustando la falda con manos temblorosas.
Jake: ¡No, no, no! ¡Esto no puede estar pasando! ¡Soy Jake Thompson, maldita sea!
Al mismo tiempo, en su propia habitación, Mei despertó dentro del cuerpo alto y musculoso de Jake. Sintió la fuerza en sus brazos y la entrepierna pesada. Miró sus manos grandes y se tocó la cara sin gafas.
Jake (en el cuerpo de Mei) entró en pánico. Todavía vestido con la blusa marinera, la falda plisada y las gafas grandes, salió corriendo de la habitación de Mei y se dirigió hacia el edificio de Ciencias. Necesitaba una explicación urgente. El experimento FOSE tenía que ser la causa.
Entró empujando la puerta del laboratorio principal. Dentro estaba solo el Dr. Harlan Reed, el profesor de 38 años que había dirigido la demostración del día anterior.
Jake: ¡Doctor! exclamó Jake con la voz aguda de Mei, jadeando y con las coletas balanceándose. ¡Algo salió mal con tu experimento! ¡Yo no soy Mei! ¡Estoy en su cuerpo! ¡Tiene que revertirlo ahora!
El Dr. Reed cerró la puerta con llave y miró a “Mei” de arriba abajo con evidente interés. La blusa marinera ajustada marcaba suavemente su pecho, la falda plisada corta dejaba ver sus piernas delgadas cubiertas por las medias negras, las coletas largas le daban un aspecto inocente y las gafas redondas grandes acentuaban sus ojos asustados. Una sonrisa oscura y hambrienta se dibujó en sus labios.
Dr Reed: Vaya… parece que el intercambio fue más profundo de lo esperado murmuró, acercándose lentamente. El cuerpo de la señorita Mei responde de forma fascinante. Pero antes de buscar una solución técnica… déjame examinar los efectos secundarios de cerca.
Jake retrocedió hasta chocar contra la mesa del laboratorio, el corazón latiéndole con fuerza.
Jake: ¡No! ¡Aléjese! ¡Yo soy Jake Thompson! ¡Esto no es lo que quiero! ¡Soy un hombre!
El profesor ignoró sus protestas. Con un movimiento rápido, empujó a Jake contra la mesa, presionando su cuerpo más grande y fuerte contra el delgado de Mei. Tomó el rostro de Jake con una mano y lo besó con fuerza, introduciendo la lengua en su boca sin permiso. Jake intentó girar la cabeza, pero el profesor lo sujetó con más firmeza quitandole sus lenges gruesos.
Jake: ¡Mmmph! ¡Suélteme! —gritó Jake contra los labios del hombre, la voz aguda de Mei sonando desesperada.
Las manos del Dr. Reed bajaron con avidez. Una se coló bajo la blusa marinera, deslizándose por la piel suave del abdomen hasta subir y apretar uno de los pechos con rudeza, pellizcando el pezón a través del sostén. La otra mano descendió directamente a la falda plisada, la levantó sin miramientos y se metió entre las medias negras y la ropa interior.
— Tan suave… tan sensible —gruñó el profesor contra su cuello, mordiendo la piel mientras sus dedos frotaban con insistencia entre las piernas de Mei, sintiendo cómo el cuerpo reaccionaba a pesar de la resistencia de Jake—. Relájate, Mei… o quien seas. Esto es parte del experimento ahora.
Jake sintió una oleada de asco y humillación que le revolvió el estómago. El contacto de las manos grandes y ásperas del hombre en lugares que nunca había imaginado tocar de esa forma, la sensación de su propia excitación involuntaria del cuerpo femenino, el olor del aftershave y la presión del cuerpo masculino contra el suyo… todo era repulsivo.
Jake: ¡Para! ¡Yo no quiero esto! ¡Soy Jake, carajo! ¡No me toques! gritó con lágrimas de rabia bajando por sus mejillas, intentando patear y empujar con sus brazos débiles. Pero el profesor era mucho más fuerte.
El Dr. Reed desabrochó rápidamente los botones de la blusa marinera, exponiendo el sostén blanco, y bajó la cabeza para lamer y chupar el cuello y el pecho descubierto. Al mismo tiempo, sus dedos apartaron la ropa interior y penetraron con dos dedos de golpe, moviéndose dentro con ritmo agresivo mientras su pulgar frotaba el clítoris.
Jake: ¡Ahh! ¡Nooo! jadeó Jake, el cuerpo traicionándolo con sensaciones que su mente rechazaba por completo. Las piernas le temblaban y las coletas se habían desordenado.
El placer forzado mezclado con el profundo asco y la humillación mental fue demasiado. Jake sentía que su identidad se rompía con cada movimiento de los dedos del profesor, con cada beso y cada caricia invasiva.
Jake: ¡Basta… por favor…! sollozó con la voz entrecortada.
Pero el Dr. Reed continuó, excitado por la resistencia, acelerando el ritmo de sus dedos y presionando su erección contra la cadera de Mei a través de los pantalones.
El pánico, el asco abrumador y el shock emocional colapsaron la mente de Jake. Todo se volvió negro.
Jake cayó inconsciente sobre la mesa del laboratorio, el cuerpo de Mei desplomándose inerte, con la blusa abierta, la falda levantada y las mejillas húmedas de lágrimas, mientras el Dr. Reed se acerca y decide disfrutar este cuerpo inerte.
Jake cuando desperto se encontro desnuda aun con el cuerpo de mei y totalmente llena de semen. No ve a el Dr. Reed por ningun lado y lo peor es que no ve ninguna maquina alrededor.