Decidí hacer un pequeño reinicio como ya dije en anuncios para corregir algunos errores que tuve. Voy a subir los primeros 4 capítulos por día (hasta el martes)
este capitulo 1 es el que tiene menos cambios, pero igual se tiene que corregir.
Cualquier sugerencia y critica es bienvenida.
Hace unas semanas, durante uno de sus streams nocturnos,
Mictia mencionó de pasada que viajaría a México para un evento de streaming y
unas vacaciones cortas. Fue como si el universo me hubiera dado la señal que
llevaba meses esperando. Mi corazón latió tan fuerte que apenas podía respirar.
Yo, Alejandro, o como ella me conocía en los mensajes privados, "Mauricio", que le enviaba
fingiendo que éramos algo más, soy uno de sus seguidores más antiguos. Llevo
tres años viéndola todos los días: sus risas, sus dibujos, sus gatos, esa forma
tan tierna de morderse el labio cuando se concentra. Estoy enamorado.
No, estoy obsesionado. Quiero ser suyo. Para siempre.
Por eso empecé a escribirle como si ya fuéramos pareja. Le mandaba buenos días con corazones, le contaba mis “días difíciles” para que se preocupara por mí, le enviaba fotos de cosas que “me recordaban a ella”. Ella nunca contestaba… pero yo sabía que leía todo.
Tenía que saberlo. Y eso me bastaba para sentir que ya
éramos algo.
Cuando anunció lo de México, supe que era mi oportunidad. Busqué en internet el
vuelo más barato, reservé un hostal cerca del aeropuerto y empecé a planear.
Pero necesitaba algo más. Algo que asegurara que ella nunca me olvidaría.
Fue en un mercado oscuro de la ciudad donde encontré a esa
mujer extraña. Una anciana envuelta en un rebozo negro, con ojos que parecían
ver demasiado. Le conté, casi llorando, mi amor por Mictia. Ella sonrió con
dientes amarillos y sacó una cajita de madera tallada con símbolos que no
reconocí.
Bruja: Esto, crea un lazo eterno. La persona que amas quedará unida a ti para
siempre. Pero úsalo con cuidado… una vez abierto, ya no hay vuelta atrás.
Pagué lo que me pidió (todo lo que tenía) y guardé la caja como si fuera oro.
Era perfecta.
Llegó el día. Seguí su vuelo en tiempo real. Cuando aterrizó
en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, yo ya estaba allí,
escondido entre la gente con gorra y mascarilla. La vi salir: cabello largo
castaño teñido de puntas azules cayéndole en ondas perfectas, sudadera
oversized de color verde, pantalones deportivos ajustados y esa mochilita.
Estaba más hermosa en persona que en cámara. Mi estómago dio un vuelco.
Pasaron los días sin poder encontrar el hotel donde se
hospedaba ni nada, solo me quedaba ver su stream por horas a ver si se
descuidaba en su ubicacion, si mictia decía donde se hospedaba o donde suele ir con su grupo de
streamers.
Finalmente en el pen ultimo dia que mictia se quedaría por acá
logre saber donde podría estar y decidí ir a buscarla.
Estaba en una cafetería cerca a un hotel donde posiblemente
se hospedaba. Era tan bella como siempre y con el corazón en la mano me acerque
a ella. Ella estaba con su celular algo nerviosa por alguna razón.
No me reconoció al principio. Solo me miró con esa mezcla de
confusión y miedo que luego entendí demasiado bien.
Alejandro: Hola, Mictia… soy yo. El que siempre te escribe.
Te amo. Llevo años amándote. ¿Podemos… tomarnos una foto juntos? Solo una.
Ella retrocedió en la silla, pálida.
Mictia: No… por favor, aléjate.
Intenté explicarle. Le dije que no era un extraño, que era
su mayor fan, que había venido solo por ella. Le supliqué un abrazo. Nada.
Empezó a temblar y sacó el teléfono. Vi cómo marcaba un número mientras yo
sacaba la cajita de mi mochila.
Alejandro: Esto es para ti. Es un regalo especial. Ábrela
cuando estés sola. Te va a unir a mí para siempre, como dijiste que querías en
tus streams… ¿recuerdas? Cuando hablabas de encontrar a alguien que te amara de
verdad.
Ella no la tocó. Solo me miró con asco.
Sus amigos streamers (los que habían viajado con ella)
empezaron a acercarse. Me fui
corriendo antes de que llegaran, pero no sin antes dejarle la caja bien cerca.
Volví al hostal destrozado, sabiendo que jamás podría volver a verla en persona. Encendí su stream en mi laptop vieja. Ahí estaba ella, contando todo: que un acosador la había seguido hasta México, que le había dado “una caja rara” y que iba a denunciarme. Llamó a la policía del lugar. Dijo que tenía miedo. Que yo era peligroso.
Lancé la laptop contra la pared. Lloré de rabia hasta
quedarme dormido en el piso.........
Pov mictia:
Esa misma noche, en su habitación de hotel…
Mictia miró la cajita que aún tenía en la mano. La agitó. Sonaba como monedas.
Mictia: Qué asco… pero igual algo sacaré de este enfermo. Tal vez me dejó
dinero, como los otros simps.
La abrió.
Un brillo cegador inundó la habitación. Un grito ahogado. Y luego… silencio.
A la mañana siguiente desperté con un dolor de cabeza
horrible y la sensación de que algo estaba… mal. Muy mal.
Abrí los ojos sin levantarme. El techo no era el de mi hostal mugriento. Era un
hotel mucho más lujoso y más decorado. Varias maletas tiradas, una laptop en el
escritorio
Alejandro: Esto… no es mi habitación .
Y mi voz… no era mi voz.
Era la de ella.
Corrí (o más bien tropecé, porque el equilibrio era distinto) hasta la laptop apagado del setup improvisado el hotel. El reflejo que me devolvió me dejó congelado.
Ojos grandes y tiernos. Labios suaves. Cabello largo y
sedoso que olía a shampoo caro. Cara redonda, piel perfecta. Y abajo… un cuerpo
que había visto mil veces en stream, pero ahora era mío.
Levanté las manos con dedos temblorosos y las posé sobre mis pechos. Eran reales. Suaves, cálidos, sensibles. Un gemido involuntario escapó de mi garganta cuando apreté suavemente.
Alejandro: Dios mío… soy ella. Soy Mictia.
Miré hacia la cama. La cajita estaba abierta. Dentro solo había un papelito
arrugado que decía en letras cursivas:
“Disfrútalo.”
La anciana había cumplido su promesa. Ahora yo era ella.
Para siempre.
Me quité la ropa que llevaba puesta y me miré completo en el espejo del baño.
Cadera ancha, cintura estrecha, piel suave, y entre mis piernas… una vagina
rosada, tibia, ya húmeda por la excitación que no podía controlar.
Alejandro: Ahora soy tú —susurré a mi reflejo—. Y nadie va a
separarnos nunca.
Empecé a besarme el espejo. Mis manos bajaron solas: una a mis pechos,
pellizcando los pezones que se endurecieron al instante; la otra entre mis
piernas, por la nueva sensación me cai en la cama sin poder hacer nada, pero no me detenio. Explorando con dedos torpes pero ansiosos. El placer era completamente
distinto. Más profundo, más intenso, como olas que me recorrían todo el cuerpo.
Me apoyé en el lavabo, gimiendo cada vez más alto, sin importarme nada. Mis
dedos entraban y salían, frotaban el clítoris hinchado, y cada orgasmo era más
fuerte que el anterior. El espejo y el piso del baño terminaron manchados de
mis fluidos.
Me corrí tantas veces que las piernas me temblaban y apenas
podía sostenerme.
Cuando por fin me calmé, jadeando, escuché el teléfono vibrando sobre la mesita
de noche. Era mi antiguo número llamando.
Contesté con una sonrisa.
Del otro lado, mi propia voz (ahora en su boca) gritaba histérica.
Mictia: ¡Devuélveme mi cuerpo, hijo de puta! ¡Te voy a
destruir! ¡Voy a contarle a todo el mundo lo que hiciste!
Me reí suavemente, con la voz dulce de Mictia.
Alejandro: Tranquila… “cariño”. Ahora yo soy Mictia. Y tú…
bueno, tú eres el acosador que todos van a odiar. Disfruta tu nueva vida en ese
cuerpo feo y solo. Yo me quedo aquí.
Colgué.
Me miré una última vez en el espejo, acaricié mi nueva cara
y susurré:
Alejandro: Bienvenida a casa, Abril. O mejor dicho…
bienvenido a casa, Alejandro. Porque a partir de hoy, yo soy Mictia. Y esto
recién empieza.
Para terminar me fui a la cama para seguir masturbándome hasta que cayera inconciente
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