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lunes, 25 de mayo de 2026

Encerrado en la sabana

 Su nombre era Alexander Reed, un explorador británico de 32 años, valiente y aventurero, que se adentró solo en las profundidades de la sabana africana en busca de tribus ancestrales. Vestido con su típica ropa de safari, camisa clara, shorts verdes oscuros y botas, jamás imaginó el destino que le esperaba.

Fue capturado por los guerreros de la tribu cercana al amanecer. Los chamanes lo examinaron y declararon que su espíritu era especial: un alma errante que debía renacer como mujer entre ellos para cumplir una antigua profecía. Sin demora, iniciaron el poderoso ritual de transformación.

Ante toda la tribu reunida y con Alexander aun dormido, lo despojaron de su ropa y, usando sus manos desnudas, cubrieron su cuerpo con barro sagrado mezclado con hierbas y aceites rituales. El barro se extendía de forma irregular por su piel blanca. Mientras cantaban y danzaban, el ritual mágico tuvo lugar: el explorador masculino fue transformado completamente en una hermosa mujer blanca de cabello ondulado, rasgos delicados, cuerpo esbelto y curvas femeninas. Ya no era Alexander… ahora era Nayeli.



Solo después de completada su transformación en mujer, la tribu procedió con la siguiente etapa del ritual. Ataron sogas gruesas y resistentes alrededor de sus piernas y brazos, y la cargaron en procesión por todo el poblado entre cantos, tambores y danzas. Mientras la transportaban, las mujeres pasaban sus manos una y otra vez por su cuerpo, ajustando el barro y marcándola como una de las suyas.



Una vez en el centro del poblado, comenzaron a prepararla como nueva habitante de la tribu. Trenzaron su cabello en decenas de finas rastas africanas que caían elegantemente por su espalda. Le colocaron la delicada diadema con el ornamento plateado colgando en el centro de su frente, entre las cejas. Luego le pusieron los collares masivos —capas y capas de cuentas rojas, azules, verdes, blancas y negras— formando un pesado y hermoso babero ceremonial que cubría su cuello y hombros. Finalmente, le quitaron por completo sus viejos shorts verdes y le colocaron el tradicional taparrabos de abalorios multicolores, con sus hilos verticales de cuentas y flecos colgantes que rozaban sus muslos.



Al principio, Nayeli estaba abrumada. Caminaba con vergüenza, intentando cubrir su nuevo cuerpo desnudo y femenino. Pero con el paso de los días y las semanas, algo profundo cambió dentro de ella. Empezó a aceptar su nueva realidad, su nuevo cuerpo y su nueva familia. Comenzó a moverse con naturalidad usando solo el taparrabos de cuentas, sintiendo el peso de los collares y el balanceo de las trenzas mientras caminaba.

Hoy, Nayeli es completamente una de ellos. Corre descalza junto a los guerreros por la sabana, cazando con arco y lanza. Su cuerpo brilla bajo el sol africano, cubierto únicamente por el taparrabos de abalorios y los collares ceremoniales.




Por las tardes se baña en el río junto a las otras mujeres de la tribu, riendo, salpicándose agua y dejando que el barro del día se desprenda de su piel. Sus trenzas mojadas caen por su espalda y la diadema plateada brilla mientras nada con total libertad y alegría.



Ya no recuerda su antigua vida como Alexander Reed. Ahora es Nayeli, cazadora, hija de la tierra, hermana de la tribu y próximamente madre.


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https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLScS3TNUOnKjmPiDJoUYRiGRrGiOCfjDUA1Sr3QbPLcL6qLVig/viewform?usp=dialog

sigue la encuesta y se va a cerrar cuando termine el capitulo 5 de mictia 

viernes, 10 de abril de 2026

Hija de puta.....

Para no dejar morir el blog por la universidad





La casa de los padres de Aisha estaba en silencio. Demasiado silencio.

Carlos, atrapado en el cuerpo de Aisha desde hacía exactamente siete días, estaba completamente desnuda frente a la ventana del salón. Abrazaba con fuerza una almohada contra sus pechos, como si pudiera esconder la realidad de esa piel oscura, esos pezones oscuros y esa figura que ya no podía ignorar. El cristal frío le devolvía el reflejo borroso de una mujer negra, ojos grandes y asustados que miraban hacia la calle vacía. Esperaba. Esperaba ver el auto de su familia aparecer en cualquier momento.

No sabía nada. Desde el instante en que su hija pronunció el hechizo y todo cambió, lo habían dejado aquí, en la casa de los padres de Aisha. “Para que vivas la experiencia completa”, le había dicho Sofía con una sonrisa que no olvidaría jamás. Los padres de Aisha estaban de viaje desde hacía días; no había nadie más. Ni una llamada de Laura. Ni un mensaje de su hija. Solo silencio y el peso de un cuerpo que no era suyo.


Carlos: Hija de puta… murmuró con la voz suave y melodiosa de Aisha. Ya pasó la semana. El hechizo se tenía que romper hoy.

Miró el reloj de la pared por enésima vez. Las 19:45. Su esposa, Laura, y su hija, Sofía, habían prometido volver a buscarlo antes de las seis. Ni una llamada. Ni un mensaje.

Carlos se apretó más contra la almohada, sintiendo el roce extraño de su propia piel desnuda contra la tela. El teléfono vibró sobre la mesa. Lo agarró con dedos temblorosos.

Un mensaje de Sofía.

-Papá , cambiamos de planes. Mamá, Aisha y yo nos fuimos a la cabaña del lago. Necesitábamos “tiempo de chicas”. Ya sabes, para que Aisha pruebe cómo es ser el jefe de familia por unos días más.

P.D.: No te preocupes, el hechizo se mantiene hasta que nosotras decidamos. Aisha dice que le encanta tu cuerpo. Dice que nunca había tenido tanto espacio en la cama. Y que tu billetera es divina.

Nos vemos en una semanita más… o dos.

Te queremos 💕»

Carlos se quedó mirando la pantalla. La mano le temblaba tanto que casi se le cayó el teléfono. ¿La cabaña del lago? ¿Aisha en su cuerpo? ¿Su familia… de vacaciones con él mismo?


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