jueves, 16 de julio de 2026

spooky island 2026 1/5

 Era uno de esos días en los que todo parecía alinearse perfectamente. La isla, promocionada como “spooky island new gen”, había explotado en redes sociales y revistas de lujo. Durante la primera semana solo habían invitado a influencers, celebridades, modelos y millonarios. Las stories mostraban fiestas en la playa al atardecer, cócteles con frutas exóticas, villas privadas con piscinas infinitas y un ambiente que parecía sacado de un sueño.

Pero la productora detrás del evento había organizado un sorteo masivo para generar más hype: solo cinco ganadores de todo el mundo tendrían la oportunidad de vivir la experiencia completa con todos los gastos pagados.

Entre esos cinco afortunados estaban Jake Thompson y Ethan Caldwell.

Jake era el típico jock estadounidense: 1.88 m de puro músculo, hombros anchos, sonrisa de comercial de dentífrico y una energía extrovertida que llenaba cualquier habitación. Siempre hablando, siempre riendo, siempre siendo el centro de atención. 

Ethan, por su parte, era igual de guapo —rostro anguloso, cabello negro azabache y ojos verdes intensos—, 1.92, delgado, de piel muy pálida y carácter introvertido. Mientras Jake bromeaba con todo el mundo, Ethan preferia quedar viendo en silencio.

Cuando recibieron la llamada confirmando que habían ganado, Jake casi rompe el teléfono de la emoción.

Jake: ¡¡Hermano, nos vamos a la puta isla de los famosos!!

gritó mientras Ethan solo sonreía con esa media sonrisa suya, nervioso pero claramente emocionado.

Dos días después, una limusina negra reluciente los recogió en la puerta de su apartamento en Los Ángeles.

El chofer, vestido impecablemente, les abrió la puerta y les sirvió champagne mientras los llevaba directo a una terminal privada del aeropuerto.

Vuelo en primera clase (casi vacía), atención personalizada, y al aterrizar en un pequeño pero extraño país de Centroamérica, otro vehículo de lujo los esperaba.

Después de un trayecto de una hora por carretera rodeada de selva espesa, llegaron al muelle donde un elegante yate blanco los llevaría hasta la isla.
El capitán del barco, un hombre de mirada cansada y acento marcado, apenas habló durante la travesía. Solo les dijo:
Hombre: Bienvenidos a Isla de las Sombras Eternas… Que disfruten su estancia.

Cuando por fin avistaron la isla al atardecer, el paisaje era impresionante: playas de arena blanca, palmeras, acantilados rocosos y, en el centro, una mansión victoriana restaurada que parecía sacada de una película de terror gótica.

Luces cálidas iluminaban las villas dispersas entre la vegetación.

Les asignaron una villa compartida de lujo, con dos habitaciones enormes conectadas por una sala y terraza privada con vista al mar. Todo olía a madera cara, flores frescas y un leve aroma a salitre.
Jake tiró su maleta en la cama y se dejó caer dramáticamente.

Jake: ¡Esto es una locura! Mañana mismo voy a estar en la playa ligando con alguna modelo. ¿Viste las historias que subieron ayer? ¡Hay gente que está buenísima aquí!

Ethan, más callado, abrió su maleta con calma y empezó a colocar su ropa en el armario. La palidez de su piel contrastaba con el bronceado de Jake.

Ethan:…Sí. Está increíble. Pero ¿no te parece un poco raro que nos hayan elegido justo a nosotros dos? Éramos como… ¿quince mil participantes?

Jake: Bro, no empieces con tus teorías de conspiración. Disfruta, Ethan. Por una vez en tu vida, relájate.

Después de una ducha rápida y una cena ligera que les dejaron en la villa, el cansancio del largo viaje (más de 14 horas entre vuelos y traslados) les cayó encima como una losa.

Jake se durmió casi instantáneamente en su habitación, roncando suavemente.

Ethan tardó un poco más. Se quedó unos minutos en la terraza, mirando la luna llena que iluminaba la isla. La selva al fondo parecía demasiado quieta. Demasiado oscura. Hasta que vio un gran destello de color verde.

Sacudió la cabeza pensando que es su mente, se rio de sí mismo por ser tan paranoico y se metió a la cama.

Pero justo antes de quedarse dormido, escuchó algo a lo lejos.
Un grito.
Largo.
Grave

La oscuridad no era total. Era un gris viscoso, un limbo pegajoso donde el tiempo se estiraba como melaza caliente. Jake sintió primero el frío. No el frío de la piel, sino un vacío que le atravesaba el centro de lo que antes había sido su pecho. Abrió los ojos —o lo que quedaba de ellos— y se encontró flotando. Su cuerpo ya no era cuerpo: era una forma translúcida, un ectoplasma azulado que se ondulaba débilmente, como humo atrapado en un frasco.

Gritos. Lamentos. Voces que se superponían en un coro interminable de dolor y confusión.
¿Dónde estoy?
No veo mi cuerpo!
¡Devuélvanme a mis hijos!
Esto no puede ser el final…

Las voces no tenían dueños reconocibles. Eran almas perdidas, ectoplasmas como ellos, girando en espirales lentas dentro de la caldera. Algunas se acercaban, alargando zarcillos etéreos que se disolvían antes de tocarlos.

Jake intentó gritar, pero solo salió un eco hueco que se perdió entre los demás lamentos.

Pasaron minutos. O tal vez horas. El tiempo allí no tenía sentido. Jake sentía cómo su esencia ectoplásmica se estiraba, como si algo invisible tirara de él desde abajo.
De pronto, algo cambió.

Un pulso profundo recorrió la caldera. Un latido grave, como el corazón de un gigante dormido que despertaba. Las almas a su alrededor empezaron a agitarse con violencia. Algunas se disolvían en jirones de luz que eran absorbidas hacia el fondo. Jake sintió un tirón brutal en su centro.

El tirón se volvió insoportable. Sintió que se desgarraba, que su esencia se comprimía en un tubo estrecho de energía.
Y entonces, el impacto.

Jake abrió los ojos de golpe.

No eran sus ojos.

El techo era de habitación normal, con una lámpara tenue encendida. El olor a sábanas limpias y un leve perfume floral llenó sus fosas nasales. 

Sus manos, unas manos delicadas, con uñas cortas y cuidadas, temblaban frente a su cara. 

Bajó la mirada y vio un cuerpo que no era el suyo: piel suave, un piercing en el ombligo que brillaba bajo la luz, una camiseta blanca de topos diminutos desabotonada hasta el centro del pecho, shorts negros con cordón blanco.

Era el cuerpo de Jenna Ortega.


El corazón, su nuevo corazón, latía desbocado. Intentó incorporarse, pero sus movimientos eran torpes, como si estuviera aprendiendo a caminar por primera vez. Las piernas, más cortas y ligeras, se enredaron entre las sábanas lavanda. Se miró las manos otra vez, girándolas con incredulidad. Los mechones oscuros de cabello largo le caían sobre la cara, haciéndole cosquillas en la nariz.

Jake: Esto… no… 

murmuró, y la voz que salió fue la de ella: suave, ligeramente ronca, con ese acento inconfundible.

El miedo inicial lo paralizó. Intentó mover un dedo y lo movió demasiado rápido. Intentó hablar más fuerte y su voz salió aguda y entrecortada. El cuerpo no respondía como el suyo. Era más ligero, más ágil, pero también más frágil. Sentía cada latido, cada respiración, cada roce de la tela contra la piel como si estuviera amplificado.

Se levanto y se fue al baño del hotel

Se miró en el reflejo lejano de una ventana oscura y vio su rostro, el rostro de Jenna, con los ojos muy abiertos, las pupilas dilatadas por el terror absoluto, la boca entreabierta en una expresión de shock puro. Las cejas arqueadas, los labios carnosos formando una “O” de sorpresa, el cabello revuelto sobre las almohadas lavanda. 

Una mano subió instintivamente hacia su pecho, como queriendo calmar un corazón que no reconocía.

Y ahí se quedó, congelada en esa expresión de puro desconcierto y miedo.

___________________________________________________________________________________ Como fue "cambio de cuerpo con mi acosador", cuando esta historia llegue a las 500 vistas se sube automáticamente el próximo capitulo (ya tengo 3 capitulos)

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