Alejandro Vargas tenía solo veintiséis años, pero ya había alcanzado todo lo que la mayoría de la gente sueña.
Vivía en una casa amplia y moderna en Las Lomas, uno de los barrios más exclusivos de la ciudad. Tenía un jardín amplio, piscina pequeña y una cocina que parecía sacada de una revista. Su trabajo como ingeniero senior en una importante firma tecnológica le permitía ganar un sueldo que muchos envidiaban. Conducía un Toyota Corolla Hybrid último modelo, negro, impecable. Y lo más importante: tenía una familia que amaba con todo su ser.
Camila, su esposa, había sido su mejor amiga desde la infancia. Se conocieron en el colegio, se enamoraron en la secundaria y se casaron jóvenes. Ella era cariñosa, inteligente y hermosa. Juntos tenían a Sofía, su hija de cuatro años, una niña risueña de ojos grandes que era la luz de su vida. Cada noche Alejandro llegaba a casa, abrazaba a su esposa, cargaba a su hija y sentía que el mundo estaba exactamente donde debía estar.
Esa era su vida. Perfecta. Merecida. Construida con esfuerzo, sudor y dedicación.
Hasta que todo se derrumbó.
Esa noche, como tantas otras, Alejandro manejaba de regreso a casa después de un turno largo pero satisfactorio. Sonreía pensando en la cena que Camila le habría guardado y en el cuento que le leería a Sofía antes de dormir.
Su teléfono vibró dentro del porta vasos. Pensó que era un mensaje de su esposa y lo miró de reojo en un semáforo.
Notificación del Hospital Central - Programa de Reasignación de Conciencias Frunció el ceño. Abrió el mensaje.
"Estimado Sr. Alejandro Vargas: Tras una exhaustiva investigación interna, se ha determinado que debido a un error administrativo ocurrido el día de su nacimiento (y de otros 2.847 casos registrados), su conciencia fue asignada a un cuerpo que no le correspondía originalmente. Por disposición de la Ley Nacional de Restablecimiento Biológico (aprobada hace 48 horas), todas las conciencias deben retornar a sus cuerpos originales en un plazo máximo de 72 horas.
Su cuerpo original ya ha sido localizado y preparado. Se le notificará el lugar y hora del procedimiento obligatorio.
Cualquier intento de evadir la ley será considerado delito grave."
Alejandro leyó el mensaje tres veces. Luego soltó una risa seca y nerviosa. Alejandro: Qué mierda es esta…
murmuró, y borró la notificación.
No volvió a pensar en ello. Llegó a casa, besó a Camila, cargó a Sofía en brazos y cenó como si nada. Esa noche durmió abrazado a su esposa, convencido de que todo era una broma de mal gusto o un error del sistema.
Tres días después, mientras regresaba del trabajo por la misma ruta de siempre, una furgoneta negra se detuvo bruscamente delante de él. Cuatro hombres con uniformes oscuros y sin identificación bajaron. Antes de que pudiera reaccionar, lo sacaron del auto a la fuerza
Alejandro: ¡SUELTAME!
Lo metieron en la furgoneta. Un pinchazo en el cuello y todo se volvió negro.
Despertó atado a una camilla fría en un laboratorio blanco y estéril. Las luces brillantes le lastimaban los ojos. Frente a él, en otra camilla, había una joven.
Era Valeria Ruiz.
Tenía 161 cm de altura y un cuerpo delgado y atractivo de solo 44 kg. Sus medidas eran llamativas: pecho de 81 cm, talle estrecho de 61 cm y cadera de 91 cm, lo que le daba una figura de reloj de arena muy pronunciada. Usaba talla 95B de sujetador (copa B). Su piel era morena clara, su cabello negro largo y ondulado caía desordenado sobre la camilla, y su rostro era bonito, con labios carnosos y ojos grandes. En ese momento, esos ojos lo miraban con una mezcla de triunfo y desprecio.
Alejandro la observó con un odio profundo y visceral.
Alejandro: Así que tú eres la maldita que viene a robarme la vida
gruñó, tirando de las correas que lo sujetaban.
Valeria sonrió con malicia.
Valeria: Robar, no. Recuperar. Mientras tú vivías como rey en tu casota, yo me pudría en un cuartucho pagado por mis padres. Tú tienes esposa, hija, carrera… todo lo que yo debería haber tenido. Y ahora lo voy a disfrutar.
Alejandro sintió que la rabia le quemaba la garganta.
Alejandro: ¡Yo construí esa vida! ¡Con esfuerzo! ¡No mereces ni un segundo de lo que yo tengo!
Valeria soltó una risa baja.
Valeria: Ódiame todo lo que quieras. Mañana yo voy a despertar en tu cama, al lado de Mi nueva esposa. Y tú… tú vas a despertar en mi habitación de mierda, con mi cuerpo. Bienvenida a la pobreza, “Valeria”.
Los médicos entraron y no les dieron más tiempo. Les colocaron los cascos simultáneamente.
Alejandro siguió maldiciendo hasta que el zumbido ensordecedor lo envolvió todo.
Cuando abrió los ojos de nuevo, el intercambio ya se había completado.
Estaba en el mismo laboratorio, pero ahora en el cuerpo de Valeria. Sentía el peso de los senos pequeños pero firmes en su pecho, la cintura estrecha, las piernas más cortas. Todo se sentía extraño, ligero y equivocado.
A su lado, en la otra camilla, la antigua Valeria —ahora en su cuerpo— se incorporaba con una enorme sonrisa.
Dos grupos de agentes entraron.
Uno agarró a Alejandro (en el cuerpo de Valeria) y lo arrastró hacia una furgoneta negra. El otro grupo hizo lo mismo con la nueva “Alejandro”.
Alejandro: ¡Suéltenme! —gritó él con voz aguda y femenina—. ¡Esto es un crimen! ¡Tengo una familia!
Nadie le respondió.
Lo metieron a la fuerza en la furgoneta. Durante el trayecto, golpeó las paredes y gritó hasta quedarse ronca, pero las ventanas estaban selladas y nadie lo escuchaba. La furgoneta se adentró en zonas cada vez más pobres de la ciudad. Calles sucias, casas deterioradas, basura en las esquinas.
Finalmente se detuvieron frente a un viejo edificio de departamentos. Lo bajaron a la fuerza y lo arrastraron por unas escaleras estrechas y mal iluminadas hasta el tercer piso.
Abrieron una puerta y lo arrojaron dentro.
Era una habitación minúscula, apenas más grande que un clóset. Una cama individual deshecha, un armario viejo entreabierto con solo dos prendas que no eran de su talla, una pequeña ventana con rejas que daba a un callejón oscuro y ruidoso. Olía a humedad y encierro.
Alejandro —ahora Valeria— se quedó tirada en el suelo frío, temblando de furia, terror y desesperación. Miró sus pequeñas manos, sus piernas cortas, su nuevo cuerpo frágil de 44 kilos.
En el otro extremo de la ciudad, la verdadera Valeria ya debía estar llegando a su hermosa casa en Las Lomas, siendo recibida por Camila y Sofía como si nada hubiera pasado.
Y él… estaba solo. En el infierno.
Golpeó la puerta con los puños hasta que le dolieron.
Nadie vino.
___________________________________________________________________________________
Estos son los resultados de la próxima "serie"
Como dije en la historia de mictia voy hacer las 2 primeras. La historia de ginyu y bulma lo tengo claro al 100% que hacer.
pero la historia de vegeta, goku y pan, bra les quiero hacer la pregunta
Quieren que las historias sean separadas? que solo la historia sea (ejemplo) vegeta cambiando con pan, pero goku y bra no cambien
O quieren que los 4 cambien como la idea original
Si quieren la primera opción seria hacer 3 historias en total (lo podría hacer), pero quisiera saber sus opiniones .
No hay comentarios:
Publicar un comentario