Padre: ¡Esto es una maldita pesadilla!
Hijo: Papá… cálmate. No podemos hacer nada ya. El gobierno dijo que era esto o la muerte.
Carlos (43 años) y Alejandro (22 años) habían aceptado el programa de protección de testigos con reubicación corporal total después de que el cartel descubriera que Carlos, contador de la empresa, había entregado pruebas irrefutables. La policía les advirtió que si Carlos testificaba, los matarían a ambos en menos de una semana.
Aceptaron. Firmaron.
Pero el error fue catastrófico.
En lugar de cuerpos de madre para el padre e hija para el hijo como les prometieron terminaron intercambiadas por un error dejando a el padre en el cuerpo de una joven de 24 años, piel clara, cabello castaño claro con reflejos dorados, rostro dulce pero con mirada traviesa, cuerpo tonificado, piernas largas y firmes, pechos medianos pero muy bonitos y redondos y Alejandro, en el cuerpo de una mujer de 38 años, cabello negro corto y elegante, rostro maduro y atractivo, labios carnosos pintados de rojo, cuerpo curvilíneo con senos grandes y pesados, cintura definida y caderas anchas.
Los primeros días fueron un infierno de incomodidad, vergüenza y negación. Orinar sentado, la sensibilidad constante de los pechos, la falta de pene… todo era extraño. Pero poco a poco intentaron seguir con una “vida normal” en su nueva casa segura.
Era un martes por la mañana.
Carlos estaba sentado en el inodoro del baño principal, orinando, con el celular en la mano. Aún se sentía profundamente incómodo teniendo que sentarse cada vez. El chorro salía de entre sus nuevos labios vaginales y el sonido le resultaba ajeno.
De repente, la puerta del baño se abrió y se cerró con llave.
Hijo: No te muevas.
Alejandro, en el cuerpo maduro y voluptuoso de la mujer de 38 años, estaba completamente desnudo. Sus grandes pechos colgaban pesados, los pezones ya algo endurecidos. Cerró la puerta con pestillo y miró a su padre con una mezcla de nervios y algo más oscuro.
Padre: ¿Qué carajos haces, Alejandro? ¡Sal de aquí!
Hijo: Yo… necesito ducharme.
Alejandro abrió la ducha a ras de suelo. El agua caliente empezó a caer. Se metió bajo el chorro sin cerrar la mampara, dejando que el agua corriera por sus curvas generosas. Carlos intentó terminar de orinar rápido, pero no podia evitar mirar a el cuerpo que habitaba su hijo con deseo
Padre: Esto está mal… somos padre e hijo…
Hijo: Ya no lo parecemos. Míranos. Somos dos mujeres. Y yo… estoy mojada solo de pensar en tocarte.
Carlos se levantó del inodoro sin limpiarse del todo, la camiseta se le pegó al cuerpo por la humedad del vapor. Sus piernas temblaban. Caminó hacia la ducha y entró.
El agua caliente los envolvió a ambos.
Alejandro tomó el jabón líquido y empezó a enjabonar el pecho de su padre (el cuerpo joven). Sus manos grandes y suaves masajeaban los pechos firmes, pellizcando suavemente los pezones que se endurecieron al instante.
Padre: Ahh… mierda… se siente… demasiado bien…
Carlos, excitado más allá de lo razonable, tomó el jabón y se puso detrás de su hijo. Sus manos más pequeñas recorrieron la espalda ancha y bajaron hasta el culo grande y redondo de la mujer de 38 años. Lo apretó, separando las nalgas mientras el agua enjuagaba el jabón.
Se miraron. El vapor los rodeaba.
De repente, Carlos se puso de puntillas y besó a Alejandro en la boca. Sus lenguas se enredaron con hambre, saliva mezclándose bajo el agua. Era un beso profundo, obsceno, lleno de años de represión y nueva lujuria.
Mientras se besaban, la mano derecha de Carlos bajó entre las piernas de su hijo. Sus dedos encontraron los labios vaginales hinchados y resbaladizos, no solo por el agua. Metió dos dedos de golpe.
Hijo: ¡Joder, papá! —gimió contra su boca.
Alejandro no se quedó atrás. Su mano bajó al coño más joven y apretado de Carlos. Sus dedos gruesos separaron los labios y encontraron el clítoris hinchado, frotándolo en círculos rápidos mientras introducía un dedo grueso dentro.
Los dos gemían dentro del beso, sus tetas presionándose unas contra otras: los pechos firmes contra los pesados. Sus dedos entraban y salían de los coños respectivos, cada vez más rápido. El sonido mojado de los dedos follando se mezclaba con el de la ducha.
Padre: Más… méteme más dedos… quiero sentirme llena…
Hijo: Estás tan apretada, papá… tu coño me está apretando los dedos…
Se corrieron casi al mismo tiempo. Carlos tembló violentamente, sus rodillas flaquearon mientras su coño joven se contraía alrededor de los dedos de su hijo. Alejandro gruñó, empujando sus caderas contra la mano de su padre, sus grandes tetas rebotando mientras llegaba al orgasmo.
No se secaron.
Salieron de la ducha chorreando agua y fueron directamente al cuarto principal, dejando huellas mojadas en el suelo.
Se tiraron sobre la cama king size. Carlos se puso abajo, y su hijo empezó a besarlo con desesperación. Sus bocas se devoraban, lenguas lamiendo, mordiendo labios.
Padre: Quiero frotarme contigo… quiero sentir tu coño contra el mío…
Decidi hacer una historia "rapida" para anunciar un par de cosas.
Estoy haciendo una historia interactiva que si todo sale bien saldría en 2 semanas (es muy tardada esa mierda y especialmente como lo estoy haciendo. Incluso si tiene mucho éxito podría hacer un juego) Y eso estoy haciendo.
Aun me falta proyectos pendientes como los swaps de dragon ball y en mi wattpad
Seguramente la proxima publicacion sea las 50 curiosidades a si que nos vemos ahi
pd: yo no soy el de chat gpt
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