lunes, 30 de marzo de 2026

Cambio de cuerpo con mi acosador 3

 Salí de la casa con el corazón latiendo fuerte bajo mis nuevos pechos. El polo es overside haciendo verme muy tierna y sexy, además de mis pantalones deportivos que hacen resaltar el culo de este cuerpo diminuto de 1.50 m. Tenía que encontrar a la bruja. El mercado donde la vi por primera vez no estaba lejos; un taxi habría sido más seguro, pero quería sentir el aire de la ciudad y la fama, sentir esto caminando entre la gente. Error.

Llegué a la parada del bus justo cuando uno se detuvo. Estaba repleto. Gente pegada hombro con hombro, olor a sudor y perfume barato. Subí porque no quería esperar. Apenas me metí, las puertas se cerraron y el vehículo arrancó con una sacudida. Mi cuerpo pequeño se tambaleó y alguien detrás de mí me estabilizó… o eso creí al principio.
Una mano grande se posó en mi cintura.

Al principio pensé que era accidental. Pero luego bajó. Lentamente. Dedos callosos se deslizaron por la curva de mi cadera, apretando mi entrepierna como si midiera lo que había debajo. Intenté girarme, pero el bus iba tan lleno que apenas podía mover los brazos. Mi estatura era una maldición ahora: la cabeza me llegaba apenas al pecho del tipo que estaba pegado a mi espalda.

Xx: Shh… —susurró una voz ronca en mi oído—. Quédate quieta, Mictia.

La mano bajó más. Se coló entre mis piernas por encima del pantalon, frotando con presión firme. Sentí cómo mi cuerpo reaccionaba a pesar mío: un calor traicionero se acumuló entre mis muslos. Intenté cerrar las piernas, pero no había espacio. El chico (alto, con capucha y barba de dos días) se apretó más contra mí. Su otra mano subió disimuladamente por debajo de mi polo entrando adenrro de el, tocando piel desnuda. Pellizcó suavemente el costado de uno de mis pechos. Gemí bajito, de rabia y de algo más que no quería admitir. El placer era instantáneo en este cuerpo. Mis pezones se endurecieron contra la tela.

El bus dio una curva y él aprovechó para meter la mano más adentro, presionando justo más adentro.

Movía los dedos en círculos lentos, sabiendo exactamente lo que hacía. Yo mordía mi labio para no gemir en voz alta. Lágrimas de humillación me picaban los ojos, pero también sentía cómo me mojaba. El orgasmo me llegó de repente, silencioso y violento: mis piernas temblaron, mi vagina se contrajo contra la nada y un pequeño chorrito caliente empapó mis panties. El tipo lo notó. Soltó una risita baja y apretó más fuerte antes de que el bus frenara en mi parada.

Apenas se abrieron las puertas, salí corriendo como pude. Las piernas me temblaban todavía.

Corrí dos cuadras hasta el mercado oscuro donde había comprado la caja

Corrí dos cuadras hasta el mercado oscuro donde había comprado la caja. La bruja estaba allí, sentada en la misma esquina, con el rebozo negro y esa sonrisa amarilla.

Bruja: Volviste —dijo sin sorpresa.

Le conté todo entre jadeos: el cuerpo, el stream, el plan. Le pregunté si era para siempre.

Ella se rio bajito.

Bruja: Es para siempre… mientras la otra persona se enamore de ti y de tu nuevo cuerpo. Mientras ella te desee como tú la deseabas a ella. Si eso pasa, el cambio se sella. Si no… bueno, ya sabes.


Alejandro (yo) sonrió por dentro. Sabía perfectamente que la verdadera Mictia, atrapada en mi viejo cuerpo feo y solitario, nunca se enamoraría de “mí” ahora. Nunca se enamoraría de esta versión perfecta de sí misma. Nunca me amaría a mí dentro de su piel. Por lo tanto… era para siempre. Mío. Para siempre.

Alejandro: Gracias

susurré, y me di la vuelta para irme.
Pero apenas di tres pasos fuera del callejón, una figura me bloqueó el paso. El mismo chico del bus. Capucha baja, sonrisa arrogante. Tenía el teléfono en la mano.

xx: Hola de nuevo, Mictia —dijo, pronunciando mi nombre como si lo saboreara—. O debería decir… Alejandro.
Se me heló la sangre.

Xx: Escuché todo. La bruja, el cambio de cuerpo, lo que le hiciste a la verdadera. Y tengo video. Del bus… y de cómo te corriste como una putita en mi mano. También grabé cuando saliste corriendo y hablando sola en el callejón. Todo.
Levantó el teléfono.

La pantalla mostraba claramente el momento en el bus: mi cara de placer contenida, mi cuerpo pequeño temblando contra él.


Xx: Así que… ahora vas a hacer exactamente lo que yo diga. Porque si no, este video llega a todos tus Mictianos en menos de una hora. Y después… a la policía. A la verdadera Mictia. A todo el mundo.

Dio un paso más cerca, invadiendo mi espacio personal.


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